En el debate actual sobre la reforma constitucional y la ley orgánica
complementaria se están haciendo afirmaciones que no son sostenibles. A
continuación detallo las más representativas:
“El mayor problema que tiene España es el tamaño del déficit y de la deuda pública”.
No es cierto. En 2007, el Estado tenía superávit y la deuda era de
las más bajas de la Eurozona y ello no protegió a España de tener una
Gran Recesión. Incluso hoy, la deuda pública es menor que el promedio de
la Eurozona y el déficit ha descendido, lo cual no ha evitado que los
intereses que el Estado español ha tenido que pagar para vender su deuda
pública hayan sido los mayores en su historia.
“La ley aprobada por el pacto PSOE-PP no es un ataque al Estado del bienestar”.
Sí que lo es. Si se le exige al sector público que reduzca el déficit
público, hay varias maneras de hacerlo. Bajando el gasto público,
aumentando los impuestos o incrementando el crecimiento económico para
ingresar más fondos al Estado. En España, la mayor reducción del déficit
público siempre se ha conseguido con recortes de gasto público,
incluyendo el gasto público social. Pasó cuando el Estado español tuvo
que reducir el déficit para acomodarnos al criterio de Maastricht, y
bajar el déficit al 3% del PIB. Y pasa ahora, cuando quieren reducirlo
al 0,4% del PIB. Es más, la fiscalidad del Estado español (tanto central
como autonómico) es profundamente regresiva. Si miramos los niveles
efectivos (reales) de tributación y no sólo nominales, las grandes
familias, las grandes empresas y la banca, pagan niveles muy inferiores
(restando al Estado 44.000 millones de euros al año) a lo que paga un
trabajador en nómina. El Estado ya ha demostrado todos estos años su
incapacidad o falta de valentía política de corregir esta situación. Le
es más fácil recortar los servicios domiciliarios a las personas con
dependencia (600 millones de euros) o congelar las pensiones (1.200
millones) que revertir la bajada de impuestos (37%), que afectaron a los
súper ricos (300.000 euros o más al año) en los últimos quince años
(2.500 millones de euros). Las clases populares tienen menos poder sobre
el Estado español que las clases dominantes.
“Si no se toman estas medidas, los mercados no se calmarán y terminaremos peor”.
Los mercados no son calmables. El problema no es la especulación de
los mercados, sino la falta de protección de los estados frente a los
mercados. Lo que un Estado hace frente a las maniobras especulativas es
imprimir dinero y comprar su propia deuda pública, forzando la bajada de
los intereses de tal deuda. Pero, con la creación del euro, los países
del euro no pueden hacer esto. Sólo el Banco Central Europeo puede
imprimir dinero. Pero en lugar de hacer lo que los bancos centrales
hacen, es decir, comprar deuda pública de los estados de la Eurozona, lo
que hace es proveer liquidez a los bancos privados, pero no a los
estados. Sólo, recientemente y con grandes reticencias, se ha estado
haciendo, pero tarde e insuficientemente. Cuando compró deuda pública de
España e Italia, los intereses bajaron. Esto debiera hacerlo pero no
excepcionalmente, sino como parte de su función. Es más, los estados de
la Eurozona debieran tener bancos públicos para garantizar el crédito.
En España se está yendo en sentido contrario. La privatización de las
cajas dificultará todavía más la garantía del crédito.
“Todos los estados de la Eurozona debieran tener una legislación igual, prohibiendo que tengan déficits públicos”.
Como ha indicado el Center for Economic and Policy Research, uno de
los centros de investigación más prestigiosos de EEUU, tal política
“sería un desastre”. Sería equivalente a que Estados Unidos, cuyos
estados tienen que tener un déficit cero para los gastos ordinarios
(pero no en inversiones), no tuvieran un Estado Federal con un Gobierno
que tiene déficits del 8,2% del PIB (y una deuda del 160% del PIB) y con
un Banco Central (The Federal Reserve Board) que ayuda a los estados
(California tiene unas cuentas públicas en tan mala forma como Grecia) y
compra deuda pública (algo que no está permitido al Banco Central
Europeo).
“Estas políticas de austeridad nos evitarán llegar a la situación griega”.
Todo lo contrario, están acelerando a alcanzar la situación griega.
Tales medidas, congelación de pensiones y recortes sociales, que están
empobreciendo todavía más el subfinanciado Estado del bienestar español
(el gasto público social por habitante es el más bajo de la Eurozona)
está dificultando enormemente la recuperación económica al reducir la
demanda de bienes y servicios, que es el mayor problema de la economía
española. Estas políticas de austeridad están empobreciendo tal demanda.
Hoy está creciendo la percepción, incluso en centros financieros, de
que el mayor problema de España es el escaso crecimiento económico. La
explosión de la burbuja inmobiliaria creó un agujero equivalente a un 7%
del PIB que tendría que rellenarse con gasto público para permitir una
estimulación de la economía. Tras cuatro años de austeridad, la economía
española continúa estancada.
“El estímulo económico se aplicó en España y no ayudó mucho”.
No es cierto. Ayudó poco porque consistió sobre todo en recortes
fiscales que beneficiaron sobre todo a las rentas superiores que son las
que proporcionalmente consumen menos y tienen, por lo tanto, escaso
impacto estimulante de la demanda. Muy pocos de los estímulos fueron
encaminados explícitamente a crear empleo. De la misma manera que las
derechas están utilizando la crisis para obtener lo que siempre han
querido, es decir, disminuir los salarios, la protección social y
privatizar el Estado del bienestar, las izquierdas debieran utilizar la
crisis para conseguir sus objetivos, es decir, hacer un reforma fiscal
profunda que, a base de corregir el enorme déficit fiscal de las clases
pudientes –grandes familias, grandes empresas y banca– se resolviera el
déficit social, creando empleo, y a la vez se estimulara la economía.
Así se salió de la Gran Depresión y así se debería salir ahora.
Viçenc Navarro
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